martes 1 de diciembre de 2009

Humano, superlativamente humano (626 -666)


Amanecer —por Salvador Núñez.

El viento había destapado al bufón en la madrugada, pero como estaba bien acomodado en el tronco y había espacio simplemente encogió las dos piernas en posición fetal. El tronco había sido muy bien tallado y tal vez pensado para ese fin, pero lo importante no era si eso fue acierto creativo o azar bendito en aquel hospedaje para vagabundos , lo bueno es que el loco durmió muy feliz y que cuando el Sol empezó a sacar al bosque de su tristeza él se hallaba feliz y agradecido por vivir.

—Bendita mañana —dijo el loco —la vida también es divina para los últimos como yo, ahora soy el primero en la fila. Me arrepiento de haber renegado contra la existencia. La piedad de ese viejo al darme el privilegio de sentarme junto a él sin importarle mi aspecto me ha dado la inspiración para volver hacer arte. Así que haré un taller con un árbol caído de este bosque, quemaré ramas para hacer carboncillos, sacaré la arcilla del cerro para hacer esculturillas en cerámica, elegiré los cantos rodados más hermosos para pintar miniaturas, conseguiré sebo del mercado para mezclarlo con polvo de carbón. Esos serán mis primeros materiales para recrear mis sueños.

—El loco decidió que ese árbol iba a ser el comienzo de su casa-taller. No lo cortó, pero de él nacieron las cuerdas y los soportes. Don Emilio de muy buena gana le facilitó las herramientas que guardaba en su depósito, las que faltaban se las pidió prestadas a Rodolfo, un carpintero que en vez de llamarle "Don Emilio" le decía "señor alcalde". Los dos habían envejecido juntos, pero el artesano aparentaba mucho menos edad. En los días que pudo ayudó al loco con su taller. A manera que aumentaba la fe en el loco este reclamaba su nombre olvidado hasta por él mismo—Mi nombre es Salvatore —le decía el loco al carpintero cada vez que este le proponía apoyo con la frase: —¿En qué te ayudo loquito? —ya lo decía por molestarlo, pero con el tiempo Salvatore se unió a la sonrisa de su nuevo amigo cuando este  preguntaba socarronamente.

Mientras trabajaban hablaban de los derechos laborales a manera de broma, porque ambos sabían que ya no existían. También meditaban sobre la matanza que hubo en la selva en nombre del progreso, de la venta de todos los recursos naturales y los favores pagados por debajo de la mesa en ese país de remate. —¡Baratito caseritoooooooooo! —imitaban de manera burlona al presidente de aquella colonia minera del Nuevo Orden Mundial.

lunes 30 de noviembre de 2009

Los bocetos del loco (627-666)


Boceto para un ángel -por Salvador Núñez

Al salir del pueblo, dejando atrás al viejo y al árbol centenario el loco se topó con un viejo amor. La gitana a penas lo vio le mandó mil maldiciones hasta cu décima generación. El loco se quedó consternado, era como si hubiera visto a un fantasma, su tez colorada se puso pálida. Al no ingeniárselas para dar respuesta a tamañas groserías y escupitajos el loco salió corriendo como perro apaleado. Su gorro de bufón, al que tanto le gustaba llamar "bufonta", se fue al suelo y de el salieron como 20 dibujos de niños, eran estudios de proporciones y posturas de bebes, mejor dicho: retratos y apuntes que hizo de sus hijos cuando fue cuerdo para los entendidos.
—Esta gitana maldita —profirió el loco —No se porqué no me olvida, su rencor no me deja y me enferma, hasta le corro como si fuera un perro. ¡Puta madre! mis dibujos... —Y el loco siguió hablado solo su mala fortuna mientras recogía los bocetos. Miro para atrás y ya no estaba el anciano, deseaba en esos momentos sentirse acompañado. —Ni modo —dijo para sus adentros —Me iré de este pueblo y no volveré por lo menos en un mes, no creo que esos gitanos se queden más tiempo. Acomodó sus dibujos lo mejor que pudo dentro de su "bufonta" y se fue caminando ya más calmado.
El loco tenía miedo de volver a resfriarse, estaba muy feliz con el recuerdo del pollo a la brasa como para volver a desear la muerte, así que buscó un árbol seco saliendo del camino. A la hora de estar buscando vio un árbol con las iniciales de dos enamorados, era seco, rugoso y con una abertura enorme hecha por las polillas y culminado de seguro que por unos traviesos del pueblo. Con sus manos recolectó una gran ruma de hojas secas y con ellas se tapó. El sol se ocultó y con su adiós casi nada se veía, la noche estaba nublada.

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Nota: A partir de ahora voy a escribir sobre la historia de un loco pintor. Ojo, no es mi historia, pero voy a sacar de mi memoria todas las cosas que me contaron mis amigos y aquellas pocas aventuras de mi vida que valgan la pena ser contadas. Paralelamente daré explicación teórica y practica en el blog de: Clases de arte

domingo 29 de noviembre de 2009

La venganza es impredecible (628-666)


sábado 28 de noviembre de 2009

El loco del pueblo (629-666)


El loco del pueblo -por Salvador Núñez (Humano 666)

En la mañana el loco se paseó por todo el pueblo para que alguien le de algo de comida. Un emolientero le dio algo de infusión de hierbas, el de la panadería un pan francés y el tendero una bolsa de leche. Así que su barriga estaba llena y su corazón contento. Se preguntaba para si mismo: -¿Si es que tengo tuberculosis como es posible que en esa noche de frío no me haya muerto? Ya voy más de un mes con esta tos y no me muero. ¿No será simplemente un resfriado que se repite por mi pena reverberante? No todos los recuerdos no deberían perseverar. —Y así el loco hablaba solo por la calle hecha de adoquines de piedra. A veces lloraba, otras reía, en ratos su diálogo con la nada era entendible.
Cuando el Sol era tiránico a las doce del día el loco se metió dentro de una casa abandonada, esa casa estaba destruida por un terremoto en los años de la peste. No había ratas porque el alimento era ausente, tampoco muebles porque los rateros llevaron con todo en los siete años, solo unas fotos sacadas de sus marcos evitaban la soledad entera del piso. El loco agarró la más antigua de las fotos, la miro detenidamente antes de darle a vuelta y leer: “Solo me queda esperar la muerte para estar a tu lado”. Dejó la foto en el mismo sitio que la encontró antes de tomar su siesta. El calor de la mañana y la buen comida lo repuso casi por completo de su resfrío, así es, solo se trataba de un resfrío pero el loco imaginó un diagnóstico para justificar el intento de suicidio. Extrañamente el loco durmió con el preludio de una sonrisa mientras se rascaba la panza.
Al despertar de la siesta se percató que por el techo roto se describía la tarde. —Carajo, ahora no voy a poder dormir en la noche —se dijo el loco. Tomó su bulto de tela al hombro y salió por el techo roto.
-Yo te conozco loquito, tu eras el pintor de sueños —se oyó en la voz de un viejo que estaba acompañado por su hija cuando ya estaba en la calle. Ese caballero era hermano del que era creyente en el “no se puede.” —Usted debe estar equivocado, tan solo soy simplemente un loco. —Usted no me engaña –dijo el viejo —Yo tengo un cuadro suyo en mi sala y estuve el día de su última exposición hace diez años. –Y si es así, ¿qué importa eso ahora? —Preguntó el loco –Ahora no soy nadie, ni siquiera una sombra. —Importa mucho –replicó el viejo —gracias a usted mi hija es ahora una pintora. ¿Cómo es posible que se rinda? ¿Qué le pasó para dejarlo todo? Su actitud es un insulto para el destino y oficio de mi hija. —Cálmate papá —dijo la señora —no es lo que tú crees, exageras y me estas avergonzando. –Don Emilio, con sus ochenta años, se había convertido en una suerte de hijo grande para Fernanda, como a veces trastabillaban sus palabras y repetía sus recuerdos una y otra vez se creía de manera errónea que el caballero era un demente senil, pero eso era todo lo contrario, armaba sus crucigramas más rápido que lo jóvenes, respondía con sensatez a las preguntas de sus nietos con sabios consejos, pero la hija era tan castrense como su difunta madre. —A la mierda —dijo don Emilio —Yo no voy a permitir que un joven tan talentoso se quede en el limbo de su cobardía – ¿Cobarde yo? ¿Qué sabe usted de mi vida? Tuve que dejarlo todo por amor, mis planes eran buenos pero nunca creyeron en mí, soporté insultos a límites indecibles, aguanté el desprecio y las calumnias de mis enemigos hasta donde pude y las sigo aguantando, traté de ser consecuente en los sueños que guardaba. Las últimas cosas que hice en el mundo fueron: Vender mi casa de campo, darle un departamento a mi esposa, pagar una deuda hipotecaria enorme de mi madre y gastar las monedas de mi bolsillo para ayudar a los que amaba, solo me quedé con una de plata y otra de oro . Aborrezco este mundo, las deudas, el pesimismo, los espejismos del fracaso, los gritos y gruñidos de la intolerancia, las críticas, la mentira, la envidia, el rencor por las sombras que destapé al ser caballero y noble...¡Todo! ¡Y no me invites a volver porque no debo! Quiero estar lejos del mundanal ruido para entender el porqué de las cosas. No vayan a pensar que olvidaré mis deberes, le pintaré a mi amada ángeles para que los venda. Disculpen por hablar como fariseo y decir lo que hago de bueno, por develar mi mano derecha delante de mi siniestra, pero ya estoy harto de los insultos que se dicen a mis espaldas . ¿Y de mi soledad? se preguntrán. Yo les digo: Canto a las estrellas y para mi eso es suficiente, y si no se escucha nada es porque mi canto retumba solo dentro de mi alma. Soy un loco dichoso porque no me rindo de mi propósito y cuando deje mis harapos no solo seré un nuevo hombre para mi familia, seré la espada de un nuevo sueño sin cruces ni evangelios profanos de dinero y egoísmo. Soy una larva y cuando salga de este capullo seré un revolver con alas de águila. —El viejo se quedó con la boca abierta, pero luego sonrió. —¿No sabía nada de eso? Por eso te pregunté: ¿Qué te ha pasado para dejarlo todo? veo que no estas loco, lo que pasa es que eres demasiado lúcido y sano para este mundo. Déjame caminar contigo en esta tarde, pero antes vamos a comer algo. —¡Ay papá! —Dijo Fernanda —¡Por la puta que te parió! ¿Me puedes dejar en paz por una vez en esto que me queda de vida? Ya bastante soporté a tu madre con sus eternas negativas. —La pobre quedó pálida, nunca vio a su padre tan enojado desde que era niña, así que optó por lo más sabio: “callar”.
Siguieron caminando hasta llegar a un restaurante que tenía una de sus alas de madera cerrada, era tan vieja la madera que parecía arañada por un perro gigante y tiznado por el eructo de un dragón.
—Aquí solía comer al salir de la universidad —dijo el viejo —con mis amigos traíamos los libros para estudiarlos al calor de los leños, este es uno de los pocos lugares en los que se cocina con leña. Puedes pedir lo que quieras. —Quiero un pollo a la leña, si lo partimos en cuatro alcanzará para todos. —propuso el loco. —Para ti que sea medio pollo, no se sabe si comerás mañana. —chanceaba el viejo. —El loco sonrió de buena manera. Escuchó todas las anécdotas de universidad, de su matrimonio, sus hijos, el trabajo como docente…La hija no se mostró interesada porque toda su vida adulta había escuchado las mismas historias.
Cuando terminaron de comer se levantaron bajo la mirada de los que desaprobaban al loco con su gorro de bufón y traje sucio de payaso. La hija tiró los cabellos para atrás como dejando los problemas y la vergüenza ajena. El viejo se despidió de la dueña del local. Lo que no sabía nadie es que la señora que los despidió fue la mujer con la que tuvo su primera experiencia de sábanas, por eso es que solo en el caso de Don Emilio esta se aprestaba en atenderlo personalmente, los demás creían que era por cuestiones de protocolo ante el que fue tiempo atrás el alcalde más querido por los lugareños.
Caminaron hasta las afueras del pueblo, el cielo estaba nublado pero hermoso de naranjas y rojos, entonces el viejo le preguntó al loco: —¿Cuándo vendrás? —No lo se —fue la corta respuesta del loco mientras se despedía para continuar su camino. A lo lejos se veían las banderolas de un circo de gitanos llegando al pueblo.

viernes 27 de noviembre de 2009

El viejo, el loco y la Luna (630-666)


El viejo y el loco en la tarde-por Salvador Núñez (Humano 666)

La tarde aún daba su calor cuando el loco se topó con un viejo.

El señor de chompa y camisa oscura en su mente cultivó por toda su vida el mandamiento herético: "no puedo", gustaba de reunirse con sus amigos al medio día, su pasión por el café le llego a dañar los nervios para la desgracia de su nieta quien a pesar del cariño que le tenía optó por dejarlo de ver. Era cruel a la hora de calificar regalos o cumplidos. Para él las señales de afecto eran maneras hipócritas de solicitar un adelanto de herencia.

Bueno, volvamos con el loco. El loco, como buen vagabundo, atesoraba toda su riqueza en un bulto amarrado al palo, dentro de esa tela guardaba una pregunta escrita, siete panes secos algo rancios, una moneda de oro, otra de plata y un libro de consejos para hacer maldades sin que nadie te tome por culpable, es decir, era un libro sobre la "bolsa de valores". Cuando pasó con su tos junto al viejo ni siquiera le prestó atención, pero, el viejo si lo hizo y hasta se preocupo de su destino, en realidad no era que pensara en él, quería burlarse y demostrar su ficticia ventaja intelectual. -¡Oye! ¿A don de vas? -preguntó el viejo con una sonrisa de esas que provocan desagrado al mirarlas. -Voy a tocar la Luna cuando el Sol nos deje -recitó el loco. -¿Qué? ¿No sabes donde esta la Luna? es imposible alcanzarla.- le contestó el viejo con la satisfacción de haber empezado el juego de la burla. -Claro que se puede señor, pero debo caminar rápido. -De ahí se apartó del camino para guardar una piedra oscura que según él le traería buena suerte. La besó antes de guardarla, pero eso bastó para que el viejo sintiera temor, así que se alejo con paso rápido del alcance del loco. El loco la guardó y volvió a emprender el camino. El viejo ya a una distancia, donde esa tos aguardentosa se percutaba de lejos, lo miró con profundo desprecio y algo de envidia... ¿envidia?

El orate silbando la Flauta Mágica de Mozart llegó a su destino. Era un estanque que los lugareños en un pasado emplearon para regar, ahora solo era propiedad de un pueblo fantasma. Sacó los siete panes y los puso en línea apuntando a la Luna, luego agarró la moneda de plata y la de oro, una para cada hombro. Por último prendió una fogata con el libro, pero sin perder el equilibro de las monedas sobre sus hombros. Esperó un rato más y la Luna empezó a reflejarse sobre al charca. -¡OH maravilla de las maravillas! al fin te tengo reflejada dentro de mi alma -decía el loco - todas las veces que fuiste Luna llena yo te traté como a la madre de mis hijos. -Haciendo una pausa para deja caer su primera lágrima tomo un respiro y siguió. - Me dijeron en el hospital que tengo tuberculosis y que la muerte es más amiga mía que antes, así que he venido a despedirme. - La tos se hacía más crónica a manera que la noche se aliaba con el viento. El libro tenue en su braza despidió la noche y con ella el inicio del sueño del loco.

A la mañana siguiente el loco tiritaba de frío. Quería morir pero no podía, amargado por al generosidad de la vida cargó sus siete panes, la piedra y las monedas. Se dijo para sus adentros: -"La Luna me cuidó como si fuera su hijo, es probable que por eso no haya muerto". -Tomó la vieja pregunta y como siempre, desde que fue un errante, no supo responderla.

¿Por qué no luchas con los pies en la Tierra? - Por que soy gaviota -respondía el loco, pero sabía perfectamente que esa no era la respuesta correcta.

Al regresar por el sendero se topó con el viejo, lo saludó tapándose la boca con la otra mano y siguió escapando a paso incierto de su verdadero destino.